Reseña – Tom Clancy’s The Division

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Si a algo se ha dedicado Ubisoft en los últimos años, es a publicar títulos de mundo abierto y Tom Clancy’s The Division no es la excepción. Y si bien en muchos aspectos esta nueva IP recicla elementos de las otras franquicias de la compañía, logran introducir una que otra nueva mecánica a la fórmula.

The Division se lleva a cabo en Manhattan dentro de la ciudad de Nueva York, poco después de que una pandemia de viruela pone de rodillas al gobierno de los Estados Unidos (y al resto de la civilización), llevando a este a activar a los agentes especiales conocidos como The Division, quienes tienen la misión de mantener el orden y la continuidad de gobierno, por los medios que sea necesario.

La historia del juego en realidad es corta, pero es estirada al extremo a lo largo de 16 misiones que en general hacen poco por contarla. Técnicamente uno es libre de completar las misiones en el orden que a uno le plazca (salvo la última que no aparece hasta completar las primeras 15), pero en realidad uno está restringido por el nivel ya que tratar de completar una misión con enemigos dos o más niveles arriba que uno, es frustrante durante la primera parte del juego.

Esto nos obliga a completar repetitivas misiones secundarias (que suman absolutamente nada a la historia), para obtener la experiencia y dinero necesario para contar con mejor equipo y habilidades. Para un par de misiones de historia después, tener que realizar lo mismo ya que no hay una progresión, digamos orgánica, de puntos de experiencia entre las misiones que permita una fluida experiencia de la historia.

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A fin de cuentas la narrativa en The Division se siente como una serie de misiones de reto hiladas entre si, que medio cuentan la sinopsis de una historia con personajes nada memorables. Además de que es necesario contar con conexión a los servidores de Ubisoft para jugar el apartado en solitario, por lo que es altamente probable que poco antes de recoger las recompensas que soltó ese jefe de nivel al ser derrotado, aparezca en pantalla el bonito texto de Error Delta, perdiendo esos ítems para siempre.

En contraste las mecánicas de combate del juego son una grata sorpresa, The Division es un disparador más que cualquier otra cosa, y su sistema de cobertura le brinda una capa táctica al combate. En todo momento podemos contar con dos armas de alto calibre y una pistola, diversos tipos de granadas, y dos gadgets (habilidades), estos últimos divididos en tres áreas: medica, tecnológica, y seguridad, las cuales van de la mano de las tres alas que conforman nuestro centro de operaciones. Las armas pueden ser modificadas para aumentar su efectividad, y además los accesorios que uno viste poseen distintas gratificaciones que pueden aumentar el daño de nuestro armamento. Lo que puede resultar en combinaciones realmente efectivas, que en algunos casos ayudan a enfrentar a enemigos de más alto nivel.

La versión de Manhattan que creó Massive Entertainment, es otra de las cosas que uno puede disfrutar de The Division. Atinaron en darle esa sensación de ciudad recién abandonada, que a momentos se empeña en mostrar que no ha muerto del todo, además el clima dinámico con el que cuenta el juego, ayuda a resaltar el sentir. Y aunque a primera instancia no lo parece, el diseño de los escenarios en el mundo abierto ofrece bastante verticalidad.

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El apartado multijugador sirve a la perfección a la premisa del juego, estando confinado al centro del mundo abierto, en esta Zona Obscura enfrentamos a enemigos controlados por la IA más poderosos, y aunque por default no es una arena jugador contra jugador, en cualquier momento alguien puede decidir atacarnos para quedarse con el botín que uno haya recolectado en esta zona. Ese individuo que acaba de ayudarnos en eliminar a un grupo de pandilleros, puede simplemente esperar a que hayamos recolectado los ítems, para eliminarnos y quedarse con ellos. Sin duda puede llegar a ser frustrante, pero es una implementación muy atinada y justificada. Pero al igual que el resto de The Division, se vuelve aburrido, ya que a fin de cuentas el objetivo real en esta zona obscura es eliminar a la IA, recolectar los ítems y extraerlos exitosamente para así tener mejor equipo al tiempo de subir de rango. Y al menos yo, después de haber terminado la historia, no encuentro mucho caso en regresar a la zona obscura.

A pesar de las adiciones, The Division se siente muy similar a otros títulos de mundo abierto, la justificación de requerir una conexión constante a Internet es su mundo persistente, pero en realidad si lo comparamos con Far Cry Primal el mundo abierto de The Division depende altamente de un libreto, y en las misiones los enemigos se comportan de la misma manera guiada en cada ocasión que uno las lleva acabo, y la historia se juega más que bien en solitario.

Todo este mundo que creo Massive se ve bastante desaprovechado, acarician la idea de lo fácil que los agentes de TheDivision pueden corromperse por el poder, pero la idea no va más allá de decidir ayudar o no a habitantes de la ciudad, dándoles comida sin que haya alguna repercusión, y en atacar o no a otros jugadores en la zona obscura.

Como buen título de mundo abierto, una vez terminada la historia aún hay coleccionables que encontrar, más repetitivas misiones secundarias (liberar secuestrados, arreglar antenas, defender suministros, repetir) por hacer, y un nuevo tipo de moneda para adquirir aún mejor equipo. Pero la novedad del juego se termina mucho antes de culminar la historia.

Por: Roberto Vizzuett

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