Reseña Metro: Last Light

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Por Roberto Vizzuett

Un año después de los acontecimientos de Metro 2033, es que se lleva a cabo la historia de Last Light. Poco ha cambiado, la superficie sigue siendo territorio perdido y el subsuelo bien podría ser lo siguiente en perderse.

Retomamos el contro del Artyom quién ahora forma parte de los Espartanos quienes han tomado como base el silo de misiles con el que atacaron a los “Obscuros” o Dark Ones — Humanoides con poderes psíquicos, que aparentemente buscan eliminar a los humanos.

Una vez que tomamos el control de Artyom, nos encontramos en D6 — el silo de misiles de la entrega anterior — el cual se ha convertido en la fortaleza de la facción La Orden y de sus soldados Los Espartanos, una de las tres principales que habitan los restos del Metro de Moscú.

En cierta forma D6 le permite a La Orden tener un respiro y una nueva esperanza de sobrevivir el mundo postapocalíptico a sus soldados. Una vez que volvemos a los tuneles y a la superficie, recordamos que lo “civilizado” que le resta a la humanidad recae en unos cuantos pedazos de tecnología, ya sea el mísmo metro o casetes y grabadoras.

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Artyom puede cargar con tres armas pudiendo ser de cualquier tipo, por ejemplo en vez de la configuración habitual de rifle pistola y escopeta, podemos optar por una escopeta corta, una larga y una escopeta con silenciador. Adicionalmente contamos con cuchillos para lanzar y granadas, ya sean explosivas o de fuego. En cuanto a las municiones contamos con dos tipos, las “caseras” y aquellas de grado militar creadas antes de holocausto nuclear. Estas últimas son primordialmente usadas como moneda y pueden utilizarse como munición en un caso extremo.

El resto del equipo de supervivencia consta de una lampara que hay que recargar cada determinado periodo de tiempo, un encendedor y los más importante, una mascara de gases que requiere de filtros para que Artyom respire en la superficie y en los lugares contaminados del metro.

Los gráficos e iluminación son bastante buenos y la inteligencia artificial en lo general es buena, aunque existen los momentos durante combates que involucran a varios aliados, en los que estos se cruzan o ponen de frente bloqueando nuestra visibilidad. Pero en cuanto a los habitantes del metro, hace un buen trabajo llenando de vida a la sociedad subterránea incluso es posible presenciar un espectáculo teatral de principio a fin.

El sistema de ataque es fluido, el uso de las armas se siente realista y no tieso como en por ejemplo Bioshock Infinite. Se puede optar por la confrontación directa sobre el escabullirse. Pero siempre sera mejor guardar las balas para aquellos enemigos que no pueden eliminarse noqueándolos, como las criaturas mutantes de los túneles y de la superficie, las cuales usualmente requerirán que tengamos la mayor cantidad de munición. El desenlace de la historia también se verá afectado por la cantidad de muertes que causemos y de ciertas decisiones que tomemos.

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Metro: Last Light logró sortear con éxito la quiebra de THQ y el cambio a Deep Silver, con 4A Games desarrollando un solido disparador en primera persona de sobrevivencia, entregando no solamente una buena historia, sino creando un ambiente  lleno de tensiones con sus momentos de tranquilidad y una muy buena banda sonora reforzando las situaciones y ambientes dentro del juego. Limitando los errores y molestias a un no muy natural sistema de salto y problemas al cargar o reiniciar el juego en ciertos checkpoints, que obligan a reiniciar la consola.

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