Reseña – Dead Cells

Browse By

Quien diría que para escapar de un castillo habría que primero morir un incontable número de veces. Así es Dead Cells, un juego de plataforma a la “metroidvania” con elementos roguelike.

Como todo buen roguelike, Dead Cells inmediatamente nos lleva al inicio de nuestra aventura en cuanto morimos despojándonos de todo avance logrado e ítems obtenidos. Para fortuna de uno, poco a poco iremos desbloqueando distintas gratificaciones y runas permanentes que nos permitirán sacar provecho de la infinidad de muertes que sufriremos.

A diferencia de otros roguelike que prometen una súper historia (te estoy viendo Everspace), Dead Cells se limita a ofrecer pequeños pedazos de información que la mayoría de las veces es más una suerte de sátira que otra cosa.

Comenzamos como un cuerpo decapitado al que una suerte de musgo (las titulares dead cells) resucita, y de ahí tenemos que irnos abriendo paso bajo la constante amenaza de que cualquier descuido nos mandará al inicio. La forma de ir creciendo al personaje y aumentar ligeramente nuestras oportunidades, es recolectando células que uno que otro enemigo arroja.

Dead Cells

Estas células las podremos canjear con un vendedor que encontramos al terminar un nivel, por cosas permanentes como aumentar las veces que podemos usar el frasco de salud, desbloquear armas para comprar, y el poder retener cierta cantidad de dinero. En este mimo lugar podremos seleccionar una mutación temporal y mejorar las armas con las que contamos.

Las runas que mencioné al principio otorgan nuevas habilidades de desplazamiento con las que alcancemos nuevos lugares en el mapa que a su vez nos llevan a otros niveles antes inalcanzables sin la runa. El problema es encontrar cada una de las tres runas, o en su defecto lograr mantenerse con vida para alcanzarlas.

A esto agreguen que cada nivel es en si un laberinto y que al morir la configuración de los niveles cambiará aleatoriamente, pero gracias a lo fluido que es el combate y a las distintas cosas que vamos desbloqueando, la experiencia resulta todo menos frustrante.

Hay una gran variedad de armas principales en la forma de espadas, arcos e incluso unas sandalias “espartanas” y el ya característico látigo de cierta franquicia, cada uno con sus ventajas y desventajas, al igual que una buena variedad de equipo secundario como torretas, bombas gélidas y de fuego, las cuales resultan de gran ayuda en esos momentos en que somos superados por el número de enemigos.

Dead Cells

Parte por andar explorando y otra quizá por habilidad, a pesar de la buena cantidad de horas que he puesto en esta versión “final” del juego a lo largo de semana y media, aún no he logrado llegar al final del recorrido. Y con todo y la cantidad de muertes por las que he pasado, el juego no se siente repetitivo — cosa que he de decir es un gran mérito.

Dead Cells no es un juego fácil, pero dado que recompensa tanto a quienes se toman su tiempo para explorar como a aquellos que prefieren pasar en un abrir y cerrar de ojos por los niveles (ofreciendo acceso a ciertas secciones dentro de una limitada ventana de tiempo), existe cierta flexibilidad en la forma de jugar que a mi parecer ayuda a que uno no se fatigue de volver al inicio una y otra vez.

En verdad el jugo ha sido una grata experiencia, en la que el único problema técnico al que me enfrenté en la versión para Xbox One, es que en determinados momentos el juego parece saltar hacía atrás unos instantes – quizá sea la forma en la que pantalla se recorre para mostrar más – pero en ningún momento ha sido un factor que afecte el combate.

Si gustan de los roguelike, o si siempre están a la caza de cosas que les recuerden a los viejos juegos de plataforma a la metroidvania, Dead Cells es para ustedes.

Dead Cells (Xbox One)

Dead Cells (Xbox One)
9

Lo bueno

  • Muy buen diseño de escenarios
  • Combate fluido y variedad de armas
  • No llega a sentirse repetitivo ni extremadamente frustrante
  • Probablemente querrán terminarlo más de una vez

Lo malo

  • Algunos brincos de pantalla esporádicos
  • Quizá no todos sean tan adeptos a su dificultad

Deja un comentario