Reseña – Call of Cthulhu

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Tratar de trasladar el RPG de mesa Call of Cthulhu a un videojuego puede llegar a ser igual o más surrealista que la misma historia en la que están basados.

La entrega que nos brinda Cyanide Studios está directamente inspirada en el juego de rol de mesa (o pluma y papel) lanzado en 1981, del cual extrae mecánicas como el ‘medidor de sanidad’ y las habilidades o mejor dicho especialidades en las que uno puede enfocar al personaje.

Edward Pierce es este personaje, un detective privado que sufre de los traumas de haber servido en la Primera Guerra Mundial, junto a la frustración y carencias que conllevan su poco éxito como detective. Las cosas parecen dar un giro hacia mejores fortunas cuando sus servicios son requeridos para resolver la muerte de una familia en una isla frente a las costas de Boston.

En cuanto llegamos a la isla de Blackwater somos introducidos a lo que luce como un prometedor escenario de semi mundo abierto — con sus debidos problemas de calidad visual y animación facial — en donde los remanentes de un prolífero pueblo ballenero chocan renuentemente con las realidades del primer cuarto del siglo XX.

Call of Cthulhu

Botes pesqueros convertidos en humildes chozas, marineros que cantan ebriamente sobre glorias pasadas y leyendas del siglo pasado, conviviendo con gánsteres que proveen de alcohol a un pueblo que gustosamente se hace de la vista gorda ante la prohibición que azota la parte continental.

Es aquí donde Edward intenta hacer su investigación, y en donde el juego comienza a mostrarnos la ilusión de que nuestras decisiones afectarán nuestro destino. Responder la sutil agresión de un individuo en la barra nos impedirá tener un trago, el insinuarle a una gánster que no luce como alguien que debería estar en una taberna, cierra toda posibilidad de dialogo extra.

Lamentablemente son los contados casos en los que nuestras acciones tendrán una afectación tangible en nuestra búsqueda, lo peor es que estas afectaciones resultan ser irrelevantes – tanto como la limitada porción explorable del puerto de la isla, ya que el grueso de la historia y ‘acción’ se llevará acabo en otras locaciones.

Call of Cthulhu

Para ser un detective fracasado, Edward tiene una sorprendente habilidad deductiva al grado de poder reconstruir escenas a partir del mínimo de detalles — salvo cuando por conveniencia de la historia la reconstrucción es engañosa. Algunas veces la búsqueda de pistas se sentirá natural dando la sensación de que de no haber revisado un rincón, bien pudimos haber dejado fuera información que nos ayudaría más adelante, mientras que en otras es bastante de la mano.

A fin de cuentas ambos casos son deliberadamente guiados, lo que realmente abre nuevas opciones de diálogo es la progresión de nuestras especializaciones; invertir los puntos en ‘elocuencia’ hará más fácil disuadir a los demás, obtener más información en ocultismo hará más prácticas algunas partes (eso si, a costa de sanidad). Pero más que estar ante decisiones que tomar, nunca pude evitar sentir que en realidad lo único que lograba era evitar rodeos innecesarios más que realmente alterar el curso de la historia, sensación que se iba reforzando cada vez más conforme me acercaba al final del juego.

Los momentos que tímidamente buscan inyectar ya sea terror o suspenso a Call of Cthulhu, se limitan a mecánicas de sigilo al estilo Alien Isolation donde debemos evitar ser vistos por el ‘monstruo’ ya que es muerte segura. Esto ocurre en dos ocasiones, y la segunda está amarrada a un tedioso laberinto — del tipo que puede hacer a una persona abandonar por completo el juego. Y no por que sea extremadamente difícil, es muy fácil pasar por alto ese cuarto que nos llevará a la siguiente fase lo que inevitablemente resultará en uno dando vueltas y vueltas sin lograr avanzar.

En otras partes tomaremos el control de un par de distintos personajes, y aunque a primera instancia resulta prometedor lo que pueden llegar a contar, su participación termina siendo simplemente una excusa para hacer que Edward regrese a un determinado lugar y por ende solo un pobre recurso para alargar la historia, siendo algo que bien pudo haber sido contado en una cinemática.

Call of Cthulhu

A pesar de que los primeros cuatro capítulos cementan las mecánicas que estarán presentes durante el resto del juego, resulta evidente que después de esta parte Call of Cthulhu comienza a desparramarse por todas partes tal cual pulpo fuera del agua, perdiendo el enfoque de investigación en favor de tratar de inyectar algo de terror con las mecánicas de sigilo de supervivencia y uno que otro susto repentino. Incluso habrá un momento a la Assassin’s Creed de antaño en la que uno debe correr despavoridamente de un lugar en llamas.

Call of Cthulhu se presenta como algo prometedor que termina siendo traicionado por una mala implementación de ideas y un mal desempeño técnico; animaciones tiesas, personajes que hablan sin mover la boca, destellos blancos en cada rincón de la pantalla cuando se mueve la cámara, y decisiones sin verdaderas consecuencias sepultan en lo más profundo al juego. No importa cuanto uno trate de mantener mentalmente sano a Edward, el juego siempre llegará al mismo lugar siendo a fin de cuentas la única variante tangible la animación del desenlace.

En calidad, Call of Cthulhu es un paso atrás de lo que Cyanide logró con Styx: Shards of Darkness y la reciente y buena adaptación de otro juego de mesa en Space Hulk: Tactics. Y para ser justos, no evito pensar que Cyanide terminó siendo víctima de las circunstancias — después de todo originalmente Frogwares, con su basta experiencia con Sherlock Holmes, estaba a cargo del proyecto y terminaron yéndose a otro lado a hacer su versión.

Call of Cthulhu [Xbox One]

Call of Cthulhu [Xbox One]
6.5

Lo bueno

  • Esta basada en la historia creada por Lovecraft.
  • A pesar de las fallas, logra recrear la atmósfera que uno esperaría de algo basado en CoC.

Lo malo

  • Trata de abordar varios géneros sin realmente destacar en alguno de ellos.
  • Las animaciones y gráficos está por debajo de otros RPG del estudio.
  • En realidad la historia no es afectada del todo por nuestras acciones.

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