Reseña: Assassin’s Creed Rogue

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Assassin’s Creed Rogue concluye la – no tan planeada – trilogía  de la saga situada alrededor de las colonias británicas en América. Del lado “histórico” está situado entre Assassin’s Creed IV: Black Flag, y Assassin’s Creed III, y del lado de la historia en el presente, ubicado después de los hechos de Black Flag y antes de Assassin’s Creed Unity.

Al igual que Black Flag, Assassin’s Creed Rogue depende fuertemente del factor marítimo para trasladarse de un lugar a otro, y aunque el elemento de piratas ha desaparecido, es posible continuar atacando otros barcos, ya sean franceses o británicos, dependiendo el punto en la historia en el que uno se encuentre.

Algo que en teoría es el gran distintivo de esta entrega, es que por primera vez en la saga, el personaje principal será un templario durante gran parte de la historia.  Desafortunadamente, al igual que como sucedió con Assassin’s Creed III – donde controlamos brevemente a un templario – el cambio en si es más estético que cualquier otra cosa.

Assassin’s Creed Rogue se centra en Shay Patrick Cormac, quien recientemente se ha unido a las filas de la hermandad de los asesinos, siendo una de sus características principales la carencia de disciplina, además de no sentirse muy cómodo con el no estar del todo informado de las misiones a las que es enviado. Y es precisamente tras una de estas misiones en Lisboa —  que termina en un gran desastre al intentar recuperar un artefacto de los precursores — que decide confrontar abiertamente a la hermandad, resultando en su persecución y abandono a su suerte, tras ser mortalmente herido.

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Posteriormente se une a los templarios, y… el juego sigue igual. En vez de lidiar con el ejercito británico, hay que lidiar con el ejercito francés. De la nada los asesinos ahora tienen un ejercito – y hago hincapié en ejercito ya que en lo absoluto lucen como asesinos – del que hay cuidarse, aunado a que en cada esquina hay algún miembro de la hermandad acechando. Por lo que más que mostrarnos realmente la acción del lado de los templarios, parece todo como un simple cambio de nombre y camisetas, sin haber una diferencia profunda como podría esperarse.

Los templarios que han sido retratados a lo largo de todas las entregas, como los individuos ejerciendo el control de gobiernos, y naciones enteras, ahora lucen como una fuerza menor. Por lo que en realidad continuaremos realizando lo que siempre se ha realizado en la franquicia. En verdad es una oportunidad desperdiciada, quizá como resultado directo a las críticas de que Black Flag era más un simulador de piratas, que propiamente una entrega de Assassin’s Creed. Y el hecho de que la entrega estelar este año en la franquicia, en si es Assassin’s Creed Unity, hace ver a Rogue como un intento por capitalizar en aquellos que quedaron fascinados por la experiencia “pirata” de Black Flag.

En cuanto a Shay, este ha sido debidamente desarrollado, pasamos por su etapa formativa con la hermandad, y se nos deja ver que parte de sus cuestionamientos hacia su gremio no es simple rebeldía, si no un intento por entender el conflicto milenario entre Asesinos y Templarios. Después de la desastrosa misión que mencioné anteriormente, Shay decide actuar contra la hermandad, no en un acto egoísta, si no en un acto para salvar vidas inocentes y es la misma razón por la que termina uniéndose a los Templarios.

La IA parece haber recibido mejoras, o al menos ya no hay momentos en que los NPC se quedan corriendo frente a cajas y postes, o delfines “nadando” en tierra firme – esto último muy probablemente por que no hay delfines – como en Black Flag. Los barriles explosivos traseros de los barcos, han cambiado por barriles con aceite que permiten dejar un rastro de fuego sobre el mar, para romper persecuciones y envestidas. Las misiones de la flota pirata de Black Flag, han mutado a un apartado denominado Campaña Naval, el cual se comporta de una forma similar a las flotas pero en vez de recorrer rutas, las misiones van ligadas a la Guerra de los Siete Años durante la cual se lleva a cabo la historia. Lamentablemente Assassin’s Creed Rogue no tiene una aplicación móvil de acompañamiento, por lo que únicamente es posible enviar a los barcos de nuestra flota en misiones desde el juego mismo,  que hará más lento este apartado.

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Fuera de estos ligeros cambios y sustracciones, Rogue es para todo efecto práctico una copia fiel de Black Flag, siendo la analogía perfecta el que una agrupación musical lance dos discos con un año de distancia entre si, con la misma música pero distintas líricas.

La historia en el presente igualmente está enfocada en los templarios, desarrollándose nuevamente en las instalaciones de Abstergo Entertainment. Aquí el personaje anónimo que controlamos – quien quizá o quizá no es el mismo que en Black Flag – debe reparar los servidores de Abstergo para continuar accediendo a las memorias de Shay en el Animus, y mismas que los Templarios planean restregar en la cara de los Asesinos.  Irrumpiendo en computadoras y tabletas regadas por las instalaciones, nos encontraremos con archivos templarios, con el punto de vista de estos sobre personajes claves de títulos pasados, así como algo de luz en como perciben la amenaza que el ente milenario, Juno, representa.

Igual que en los demás títulos en la serie, tras acabar la historia aún habrá varias cosas por completar y explorar, con lo que los amantes de obtener cada Logro/Trofeo tendrán bastante que hacer. Pero la similitud con Black Flag es tan grande, que como pudieron darse cuenta, difícilmente puede ignorarse y hace cuestionar el que tan buena idea fue el que lanzaran a la par dos títulos en la serie.

Por: Roberto Vizzuett

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